[Nota: Ésto arrancó como un mail y se transformó en la primera entrada real del blog. Sepan comprender y sean benevolentes]
Al principio es fácil. Cuando sos chico te hacés amigo de todos. Claro... después con la edad te empezás a dar cuenta que no todo es tan rosa. Y con el tiempo descubrís que tenes un montón de conocidos/compañeros de actividades, pero que amigos, lo que se dice amigos, tenes pocos.
Y cuando las cosas te salen como el tujes... menos amigos tenés. Ya lo da por hecho la inteligencia popular: "Los amigos son como los taxis, cuando hay mal tiempo escasean".
Porque la amistad no es solamente cuando dos personas coinciden en un determinado espacio/tiempo y mantienen algún tipo de comunicación mas o menos habitual. Hace falta algo más. Hace falta mucho más.
Y a medida que te vas haciendo grande... adulto digamos... te empieza a parecer que ya no vas a hacer nuevos amigos. Porque cada vez es mas complicado compatibilizar ideas. Claro, antes si eras hincha del mismo equipo y te gustaba Mazinger ya estaba. Ahora hay muchas otras cuestiones para evaluar. Creencias, valores, actitudes ante la vida y otras no menos importantes.
Tenés un grupo de amigos, mas o menos estable, y de ahí la cosa no pasa. Podrás conocer gente nueva en el laburo u otro lado, pero difícilmente hagas un nuevo amigo. En cambio siempre está la posibilidad de perder alguno... sea por descuidarlo, por cuestiones de la vida (todos nos vamos a morir) o cuestiones menos filosóficas (guita y minas).
Pasa un día más y pareciera que la vida ya está decidida. Conocés los lugares, conocés los aromas, conocés a a la gente. Cada tanto alguna sorpresa o cambio de rumbo, pero los personajes que están cerca de uno siempre son los mismos.
Hasta que un día, casi por azar, absolutamente sin pensarlo... conocés a alguien. Una persona muy distinta a vos. Tan distinta que, al principio, pensas que va a desaparecer tan de repente como entró en tu vida.
Y no. Le pifiás. Le pifiás feo.
Por cuestiones del destino, por una pura casualidad, o por aquello de que "el viento los amontona" esta persona no solo no desaparece sino que se empieza a hacer parte de vos. De repente te das cuenta que estás hablando un buen rato y podrías seguir así varios ratos más. Te das cuenta que congeniás ("Avenirse por tener genio, carácter o inclinaciones coincidente"). Empezás a pensar que esa persona podría ser tu amigo.
Pero cómo? Siendo tan diferentes? Sí! Eso lo hace todavía más emocionante.
Así... cada vez los lazos se hacen más fuertes y las charlas más interesantes. Cada vez te preocupás más por el otro y sentís lo que el otro se preocupa por vos. Hasta que un día se hace evidente: tenés un amigo nuevo!
Y éste sí que es un amigo de verdad, no un compañero de banco que tiene el mismo lápiz que vos. Ahora, que tenes una personalidad definida, un pasado a cuestas, un carácter notorio y gustos muy raros... encontraste a otra persona con la que podés compartir tantas cosas. Y fundamentalmente este sentimiento tan simple como complejo. Alguien que te entiende, te banca y se preocupa por vos.
Que más se puede pedir? ;)
Termino con dos frases:
"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere." (E. Hubbard)
"El verdadero amigo es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte." (L. Wein)
Salutem
